El más jóven de la dinastía de los Caminante del Sol. Príncipe de Quel’Thalas y miembro de los Seis (el concilio mayor del Kirin Tor).
Antes de la Segunda Guerra, se encargó de manejar los asuntos relacionados con los orcos y con los problemas de Karazhan (problemas que acarrearían la muerte de Medivh más adelante) junto con otros miembros del concilio.
Durante la Tercera Guerra, los no muertos destruyeron Quel’Thalas, Kael’thas se vio obligado a sacar a su gente de allí en busca de un lugar mejor donde vivir (fue entonces cuando adoptaron el nombre de Elfos de Sangre, en honor a los caídos), también logró recuperar la calavera de su padre, Anasterian Caminante del Sol, de las ruinas de Quel’Thalas.
Cuando abandonaron su ciudad, Lunargenta, pronto empezaron a sentirse vacíos, hambrientos… algo les faltaba.
Kael (que es, de hecho, un diminutivo válido) y sus soldados se refugiaron en los Bosques de Argénteos, pero las fuerzas de la Plaga se acercaban y tuvieron que volver a ponerse en marcha. Antes de partir, aparecieron por allí dos Elfas de la Noche, Maiev Cantosombrío y Tyrande Susurravientos, habían estado persiguiendo a un tal Illidan Tempestíra. Kael supuso que tal vez Illidan tenía que ver algo en todo lo que estaba sucediendo con la Plaga y propuso una unión. Con la escolta de las tropas de Elfos de la Noche, Kael’thas y su gente consiguieron llegar a la Aldea Piroleña, pero allí les esperaba una emboscada de la Plaga. Consiguieron deshacerse de parte de ellos, pero se dieron cuenta de que no aguantarían mucho más y decidieron huir.
En su huida a través de un puente, Tyrande se quedó atrás para establecer una línea de defensa entre la Plaga y la caravana, pero cuando se disponía a luchar, el puente cayó. Kael intentó rescatarla, pero Maiev insistió en que Tyrande era una guerrera y conocía el riesgo de la lucha. Le incitó a vengar la muerte de Tyrande y acompañarla en la caza de Illidan.
Persiguieron a Illidan hasta las ruinas de Dalaran. Allí le encontraron manipulando un artefacto llamado “Ojo de Sargeras” [Inciso: debe ser según el Lore, ya que en el Warcraft 3, si no recuerdo mal, todo esto sucedía en la Tumba de Sargeras, cerca del Maelstrom, claro que la destrucción de la Tumba daría pocas posibilidades de utilizarla en WoW, por lo que puede que Blizzard modificara la historia oficial mediante libros o comics]. Consiguieron detenerle y evitar que destruyera Rasganorte utilizando un arma tan poderosa. Malfurion se le acercó y se dispuso a castigarle severamente (ya me entendéis…) por la muerte de Tyrande, pero Kael’thas comenzó a decir algo sobre la posibilidad de que Tyrande siguiera viva, Maiev trató de callarle, pero las pocas primeras palabras fueron suficientes para que Malfurion se diera cuenta de que Maiev le había engañado. Enraizó a Maiev y se marchó, junto con Illidan a buscar a Tyrande (algún día tendré que explicar el triangulo amoroso que hay aquí, pero no será hoy). Maiev se liberó y fue detrás de ellos para tratar de hacer “entrar en razón” a Malfurion. Kael’thas se quedó solo en las ruinas de Dalaran.
Allí se encontró con el Gran Mariscal Garithos, que hizo caso omiso de su historia sobre Elfos de la Noche (recordemos que los Elfos Nobles eran y son, aliados de los humanos, por lo que Garithos interpretó el gesto de Kael como una despreocupación por su labor). Garithos le habló sobre un plan para hacer retroceder a las fuerzas de la Plaga que asediaban Dalaran a las montañas. Cuando Kael se ofreció voluntario, Garithos le respondió que tenía otros planes para él. Había una segunda oleada de enemigos dirigiéndose a Dalaran por el este, y para poder enviar a sus tropas, Garithos necesitaba que los observatorios élficos funcionaran, y con esta sencilla explicación, mandó a Kael’thas y a sus hombres a hacer de ingenieros. Kael no tuvo más remedio que aceptar.
Cuando llegó al Lago Lordamere se encontró con un embarcadero destruido que no le permtiría cumplir con su rídiculamente simple misión. Entonces apareció Lady Vashj, una bruja naga, le ofreció ayuda haciendo referencia a la común procedencia de ambas razas. Kael’thas la aceptó de buena gana.
Cuando Garithos volvió, se enfureció, hizo caso omiso de las palabras de Kael’thas que le decían que aquellas nagas no suponían una amenaza, y le advirtió que no permitiría una traición, dicho esto, se fue.
Al tiempo llegó un emisario de Garithos al campamento de Kael’thas, le decía que tropas de la Plaga se dirigían hacia allí por el oeste, Kael’thas se mostraba dispuesto a repelerlas cuando el emisario también le dijo que Garithos necesitaba de casi todos sus soldados en el frente. Kael se encontró prácticamente solo y con una horda de no muertos dirigiendose hacia su posición. Vashj volvió a hacer acto de presencia. Kael’thas no se mostraba convencido de aceptar su ayuda, pero no vio más remedio que hacerlo, ya que morirían si no. Derrotaron a las fuerzas de la Plaga. Entonces Vashj comenzó a explicarle a Kael el porqué de su sed, era sed de magia, una necesidad que las nagas también tenían, le explicó que sin la Fuente del Sol, morirían de inanición mágica. Kael’thas oyó el trote de las tropas de Garithos e hizo que Vashj se marchara, pero las tropas de Garithos vieron a parte del ejército naga y Garithos encerró a Kael’thas en las mazmorras de Dalaran por traición.
Vashj y su gente se colaron en las mazmorras y liberaron a Kael’thas y a los suyos. Vashj le explicó que podría huir de la opresión de los humanos y que encontraría la magia que necesitaba si cruzaban el portal que Kel’Thuzad estaba abriendo para traer a Archimonde a Azeroth. Allí su maestro, Illidan, les ayudaría (en favor de Illidan, hay que decir que lo hizo, a las nagas les proporcionó el control sobre el agua de Terrallende y a los Elfos de Sangre les proporcionó una región llena de magia arcana inestable recién extraída del Vacío Abisal).
En la huida, Kael’thas se vio obligado a acabar con la vida de un antiguo camarada humano, Kassan.
Cuando atravesaron el portal, se encontraban en Península del Fuego Infernal. Vashj le explicó a Kael’thas que aquel era el hogar de los orcos, Draenor. Buscaron a Illidan durante días (el tamaño de esta región es, supuestamente, muchísimo mayor de lo que WoW nos muestra, siendo en realidad un interminable desierto rojizo). Vashj detectó, al fin, algo en el aire que le era familiar. Descubrieron que Maiev había conseguido capturar a Illidan y le llevaba en una prisión mágica, las tropas de Kael y Vashj atacaron a las de Maiev y recuperaron la prisión de Illidan, en el campamento serían, más tarde, capaces de liberarle.
Illidan se mostraba satisfecho con la lealtad de sus siervos (los antiguos y los nuevos…), les contó la situación: Para huir de Kil’jaeden, su anterior maestro (algún día tendré que explicar todo este asunto… de verdad…), se había visto obligado a huir de Azeroth, pero en realidad lo que había encontrado en Terrallende es que Magtheridon y su horda vil, junto con un ejército de demonios se había hecho con el control. Kael’thas le preguntó a Illidan si existía cura para su adicción, a lo que Illidan contestó que no, pero que si le ayudaba, le proporcionaría suficiente magia para que toda su raza estuviera satisfecha para siempre. El mensaje de alianza con Illidan a cambio de paz y prosperidad se extendió hasta Quel’Thalas, donde aún quedaban algunos elfos que habían sido reacios a acompañar a Kael en su búsqueda. Digamos que fue una publicidad exitosa.
Mientras avanzaban cerrando los portales desde los que llegaban los refuerzos demoníacos, se encontraron con Akama y los suyos, quienes se ofrecieron a ayudarle ya que luchaban contra un enemigo común.
Llegaron así a enfrentarse contra Magtheridon en su propio trono, y le vencieron (o, al menos, le debilitaron lo suficiente para que los orcos viles que después sirvieron a Illidan le mantuvieran desterrado).
Cuando Illidan celebraba su victoria, Kil’jaeden apareció, le dio un ultimatum, o destruía el Trono de Hielo o… (me volvéis a entender…).
Illidan y sus tropas (incluyendo a Kael’thas) marcharon a Rasganorte a destruir el Trono de Hielo, allí lucharon contra las hordas de no muertos nerubianos. Al fin se produjo el enfrentamiento final en la base del Glaciar Corona de Hielo, las tropas de Illidan y las de Arthas competían por activar los cuatro obeliscos que le abrirían las puertas al Rey Exánime. Pese a los esfuerzos realizados, Arthas consiguió abrir el camino hacia el Trono de Hielo y, tras una feroz batalla en la que malhirió a Illidan, escaló los peldaños de su destino… Kael’thas y Vashj se llevaron el cuerpo inconsciente de Illidan de vuelta a Terrallende, donde se ocultaría de Kil’jaeden en el Templo Oscuro.
La historia a partir de aquí es más conocida, los Elfos de Sangre de Kael’thas se hicieron con el control de Tormenta Abisal, la región más mágicamente caótica de todo Terrallende, pero lo que Kael’thas trama aquí es, en realidad, en favor de la Legión Ardiente, una traición a Illidan a cambio de magia vil infinita para toda su raza, es un trato que Kael ve bastante justo.
Los héroes nos encargamos de desactivar las Forjas de Mana que redireccionan energía arcana hacia el Castillo de la Tempestad. Pero también nos enfrentamos a los siervos de Kael’thas allí, e incluso al mismo Kael’thas que, injustamente, nos hace batallar contra sus principales comandantes sin posibilidad aparente de victoria. Una vez vencidos, Kael’thas absorbe toda la energía que el Castillo de la Tempestad almacena, pero ni así es capaz de derrotar a la banda de héroes que le vencen en un momento bastante inestable (lleno de magia), el efecto de esto es que acaba destrozado, tanto que los pocos sirvientes que quedan con vida, para rescatarle, se ven obligados a incrustarle una fuente de magia vil en el pecho.
Kael’thas y lo poco que queda de su gente se reorganizan en torno a la Fuente del Sol con intención de traer a Kil’jaeden a Azeroth, allí será definitivamente destruido (en su estado no resulta difícil) y se interrumpe la invocación con suficiente antelación como para devolver a Kil’jaeden al Vacío Abisal.
En realidad la historia de Kael’thas contiene la mayor parte de la historia de Vashj, pero quedarían detalles como que el encuentro entre Vashj e Illidan se produjo en las costas de Kalimdor, donde les unió la enemistad con los Elfos de la Noche.
Tras la derrota de Illidan en Rasganorte, Vashj es la encargada de administrar el escaso bien que es el agua en Terrallende. Para hacerlo, construye unas máquinas que drenan los lagos de Marisma de Zangar, para todas estas operaciones, esclaviza a las tribus de tábidos de la zona. Contrata además a un ingeniero gnomo que, con los años, ha perdido la cordura debido a su enfermedad (teniendo en cuenta que es un personaje que parte de gnomeregan, parece que la lepra proporciona, a la larga, una subida de cuarenta niveles…).
Vashj organiza personalmente sus operaciones en la Caverna Santuario Serpiente (lejos del seco Templo Oscuro).
Mi opinión personal sobre estos dos personajes es que no merecen, en absoluto, ser enemigos en WoW. Kael’thas tal vez a partir de servir a la Legión Ardiente, pero realmente lo que hace, lo hace por el bien de su gente. Vashj ni siquiera es tan mezquina, no traiciona a nadie, de hecho, hace aliados en un mundo que aborrece a los de su raza. El propio Illidan, una vez que deja de obedecer a Kil’jaeden, se convierte en un marginado que lo único que procura es mantenerse alejado de sus perseguidores (elfos y demonios). En la Burning Crusade sólo al final nos enfrentamos con un villano… y ni siquiera muere realmente.

















Aunque no se ha dejado ver nunca como tal en el juego, hay dos jefes que parecen imitarla. La primera, la princesa Theradras, su hija, reside en Maraudon, tiene un aspecto muy similar, no obstante, su poder es infinitamente menor. El otro es, extrañamente, un ser de otro mundo formado a partir de los restos de las almas de los Tábidos que una vez habitaron el Templo Oscuro, me refiero a Relicario de Almas. Los tres comparten la extraña característica de tener tres caras que representan tres estados de humor fundamentales, ira, pena y pasión.
